Freddy Heineken era un tipo singular. Un hombre con una vida intensa y sobre la que se han hecho películas y escrito libros. Tanto es así, que a Freddy incluso llegaron a secuestrarlo. Un caso que copó los titulares de la prensa internacional durante mucho tiempo, y sobre el que han surgido una gran multitud de anécdotas. Tal y como narra un amigo suyo, este le confeso un trauma de dicho secuestro: Me torturaron... ¡me hicieron beber Carlsberg!. ¿A quién se le puede ocurrir una frase así tras un secuestro? Pues quizás solo a él.